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Mayo 22, 2006

Conservadores II

artes&letras_6.gif Columna de opinión Conservadores II publicada en la sección Artes y Letras del diario El Mercurio el día 21 mayo 2006. Texto completo más abajo.

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Conservadores I

Conservadores II
Al abrazar el neoliberalismo –más mercado, mejor– el pensamiento conservador sella un pacto donde, como Fausto, entrega el alma a cambio del poder para transformar el mundo. Supera su esterilidad política (condenado nada más que a reaccionar) al precio de recibir una fuerza que destruye aquello que más ama: un orden fundado en las tradiciones y jerarquías, vínculos orgánicos entre las personas, valores heredados, distinciones de rango, austeridad y demás virtudes basadas en la sublimación de los deseos, sentido del honor y el respeto debido a los vínculos de familia, religión y patria.

En efecto, abandonado a su propia legalidad, el mercado erosiona y debilita los pilares del modo de vida conservador. Lo que toca con la mano invisible se transforma en opcional. El mercado organiza el mundo no como una estructura ordenada de normas y deberes sino que lo transforma en un territorio de libre elección. “Free to choose” es la consigna que rige el comportamiento de los individuos. Y no sólo en el supermercado sino frente al mostrador de los valores, las religiones, las adscripciones de género, el consumo de televisión y la selección de estilos de vida.

El mercado es movimiento continuo; destrucción creadora, en sentido schumpeteriano. Jamás conserva ni permanece en lo establecido. Apela a los infinitos apetitos de las pulsiones humanas; no a la postergación virtuosa de sus satisfacciones. No funda ni respeta tradiciones; en cambio, crea modas evanescentes y luego las sustituye con nuevas ofertas y quimeras. A través de él habla el futuro en el lenguaje de las expectativas; no el pasado con su idioma de raíces y continuidades. En todas partes introduce un dinamismo que no se detiene ante nada: exalta la autonomía adquisitiva de niños y adultos, seculariza los símbolos sagrados, obliga a las empresas a innovar, empuja a competir y consumir, desarraiga a las poblaciones rurales, abre las comunidades hasta entonces cerradas sobre sí mismas, borra las fronteras de las patrias, desestabiliza los regímenes jerárquicos y fuerza a abandonar cualquier ascetismo intramundano, como lo llamaba Max Weber.

El conservador se ve así arrastrado por el mismo poder al cual se ha abrazado. De allí también las curiosas paradojas (o terribles contradicciones) en que ahora se ve envuelto. Bajo la presión del rating (la voz del mercado) aún el canal de televisión abierta más tradicional y reputadamente conservador, terminará invitando a Eros a su pantalla y a las diosas menores de la publicidad. En estas condiciones, la lucha conservadora a favor de la abstinencia sexual se vuelve tan improbable como el combate contra el consumismo. El desfile de la farándula por las páginas de la prensa seria –hasta ayer significó conservadora– trastoca las distinciones culturales y convierte el pudor moral en espectáculo. La reivindicación de la familia y el hogar como células matrices de la comunidad cede el paso a la promoción de electrodomésticos y a una variada oferta de auto-ayudas, terapias y salvación del cuerpo mortal a través del mercado. Las jerarquías claras y distintas de los órdenes estamentales, con su legado de prescripciones y proscripciones, se doblegan frente al irresistible impulso de la libre opción con su cortejo de pluralismos y diversidades; el “bazar psicodélico” del que habla Daniel Bell, el último conservador que se resistió a pactar con el neoliberalismo.

En fin, a cambio de un poder que lo excede, el conservador pierde su identidad en el mercado. Ahora, ¿qué dará en rescate por su alma?

José Joaquín Brunner

Publicado por: jjbrunner

Comentarios

...... me hizo recordar las lecturas de Gentilli... donde presenta la forma en que la noción de propiedad privada, y su ética, se oponen y generan horrores para la moral conservadora. La sospecha, es un bien preciado, y no me gustaría dejarla así no más: Creo que pensar que la moral conservadora por su amistad con el modelo económico genera su propia destrucción de forma tan sencilla, es muy fácil ... y además tampoco me gustaría que se instale la idea del mercado como una suerte de estrcutura liberadora.
Creo que el ejemplo de la prensa que usted da, sirve a este fin, ya que lo que ocurre con el consumo de mercancía de tan bajo valor, como la farándula, es que generamos menos autogobierno y más necesidad de gobierno; lo que, por cierto, es la finalidad de la moral conservadora, no son tanto uan serie principios determinado sino más bien una forma de regulación de las relaciones sociales..., creo que esa finalidad nunca es lesionada por la sociedad de lo conservador con el mercado., sino apoyada, en la medida que somos menos eficaces en la críticia y en el ejercicio de la autodeterminación.
Pd: recordemos que los conservadores habitan derecha e izquierda y todo el recorrido intermedio.

Publicado por: Alan Fecha: Mayo 25, 2006 02:44 PM

Alan: no comparto el punto de vista pero me parece interesante y de valor polémico. De cualquier forma, resulta una curiosa asociación esta donde a costa de aumentar las demandas de gobernabilidad (cuestión de por sí no necesaria ni inherentemenhte conservadora aunque sí anti-neol-liberal), el conservador va minandop las bases socio-culturales que sustentan su propia opción. Marx lo había visto con claridad y asó le enunica; Daniel Bell lo recoge, desde el otro lado de la ribera, para confirmar el análisis marxiano...

JJ B

Publicado por: JJ Brunner Fecha: Mayo 28, 2006 07:20 PM

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